winnipeg

 
 



“Que la crítica borre toda mi poesía

Pero este poema

Que hoy recuerdo

No podrá borrarlo nadie”

Pablo Neruda



Desde una época, ésta, en la que el concepto que rige nuestros actos es la propiedad y el ego, y donde paralelamente las demandas sociales de las nuevas generaciones se han tomado los espacios públicos para exigir reformas profundas y con visión colectiva, hemos querido hacer una reflexión desde (el cine, la TV, el teatro) sobre nuestra contingencia, rescatando una historia real de voluntades y generosidad colectiva.

El viaje del Winnipeg, la gestión de trasladar a más de 2.500 refugiados españoles que vivían el caos de una guerra civil que duró tres largos años y un destierro, para acogerlos en nuestro país, se nos aparece ahora como un símbolo de las posibilidades que ofrece la suma de voluntades, tanto políticas como individuales para luchar por el bien común.

Ello no sólo porque su éxito debió sortear un escenario tan adverso como la inminencia de una guerra mundial, si no también porque hoy, en esta época de paz y supuesto consenso, se hace muy difícil mover voluntades por un objetivo en común y la vida se construye desde la lógica del afán egótico y el sentido individual.

Tras perder la guerra civil española, (conflicto particularmente dramático no sólo porque duró más de tres años, si no también porque fue una guerra entre hermanos, vecinos y familias) alrededor de 500.000 republicanos comienzan un éxodo masivo hacia Francia a través de los Pirineos, con la esperanza de ser allí recibidos y refugiados a la espera de que en su país retornara la democracia y la paz, lo cual demoró más de 30 años.


“…Mi tía le contaba cuentos a su hermana pequeña para pasar los bombardeos, un día le cuenta el cuento de Pulgarcito y le dice había una vez un niño muy pobre que sólo comía pan y queso, entonces la Miti la mira y le pregunta ¿Qué es queso?”


Beatriz Lorenzo en entrevista a Claudia Pérez para la obra “Winnipeg de los Pirineos a los Andes


Hombres, mujeres, jóvenes, niños y ancianos realizaron esta difícil travesía para cruzar la cordillera, con pocos víveres (lo que pudieran llevar en sus manos, muy pocos viajaron en auto o con mulas)  y un duro invierno, dejando atrás familias y amigos, muchos muertos en la guerra y otros tantos presos.


“Mi hermano y yo cruzamos los Pirineos solos con una brújula en la mano…una noche alojamos en una casa de unos extranjeros italianos que vivían en la cordillera…”

Victor Pey en entrevista a Claudia Pérez


Sin embargo, en Francia no fueron acogidos como esperaban,  sino muy por el contrario, fueron ingresados en campos de concentración en los que vivían en condiciones miserables. Estaban hacinados en unas pocas barracas, no tenían agua ni comida, tendrían que esperar largas horas para beber agua de un grifo, no tenían baños, cuando alguien quería obrar, gritaban “a la playa” y todos sabían a lo que iban, algunos desesperado tomaban agua del mar y de los charcos, muchos murieron de cólera y tifus.


“ Frente a la multitud de exiliados, el país galo, no supo ni pudo acoger tan numeroso éxodo. Los dirigentes franceses adoptaron decisiones perjudiciales para los exiliados españoles. Los encerraron como si fueran seres peligrosos para su seguridad. Cientos de campos de concentración fueron creados en toda Francia para albergar a aquella masa de gentes…”

(“Winnipeg, testimonios de un exilio” Julio Gálvez)


Es en este contexto en que el pintor Luis Vargas Rozas (perteneciente junto con Neruda al círculo de intelectuales de España) le escribe a su amigo Pablo Neruda. La carta cuenta que hay más de 600 intelectuales presos en campos de concentración en Francia, viviendo en condiciones miserables y que es prioritario ayudarlos. Esta carta fue el principio de una larga gestión para conseguir trasladar a más de 2.000 españoles a Chile. Esta carta es la génesis de la gran travesía y empresa solidaria llamada “Winnipeg”.

Ante este llamado, Neruda no puede negarse y comienza las gestiones para trasladar a los intelectuales a Chile.


Es importante señalar,  para entender el contexto histórico y político,  que en  esta época (1939) sólo habían tres gobiernos de frente popular, Francia, España y Chile es por eso que Neruda apela a la solidaridad del ministro de relaciones exteriores de la época Abraham Ortega y del presidente Pedro Aguirre Cerda.

El gobierno acoge esta petición y nombran a Pablo Neruda, cónsul especial de la migraciones españolas  a Chile, sin embargo la migración tenía una condición;  trasladar sólo a gente de trabajo, obreros, campesinos, y gente que ayude a la reconstrucción después del terremoto de Chillán, nada de intelectuales, ni activistas ni artistas,  a lo que Neruda por supuesto  hace la vista gorda, ya que la génesis de esta empresa es la ayuda prioritaria a los  intelectuales presos en los campos de concentración.


Es así como después de 1 mes de viaje llega a las costas chilenas un carguero llamado Winnipeg  con más de 2,500 refugiados españoles, coincidentemente el mismo día que estalló la segunda guerra mundial




 


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Dirección:
Claudia Pérez

Dramaturgia:
Iria Retuerto
Claudia Pérez

Elenco:
Claudia Vergara
Claudia Pérez
Rodrigo Muñoz
Mario Soto
José Luis Aguilera
Gonzalo Pinto
Karina Pizarro
Rodrigo Román
Andrés Pozo

Música: 
Andreas Bondenhoffer

Diseño de Escenografía: Laura Gandarillas

Diseño de Vestuario:
Juan Diego González

Realización Audiovisual:
Pablo Fierro

Asesoría Histórica
Julio Gálvez 



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